Inicio




Bogotá D.C. 20 de mayo de 2012

ISSN 2145-7999

El laberinto del fauno, entre el cine y la literatura

El laberinto del fauno, entre el cine y la literatura



Por KATERINE JAIMES PEÑA


La película El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, es una clara muestra de la manera de la relación entre cine y literatura, aunque sólo en una expresión de ella. Pues existe también la relación que otorgan las adaptaciones de obras literarias al séptimo arte, entre otras.

Haremos hoy un análisis de este filme, poniéndolo en diálogo con el lenguaje ortigado por la literatura. En principio, diremos que la palabra laberinto frente al contenido de la película alberga no sólo uno sino varios significados.

El primero, y más obvio de ellos, vendría siendo el de la connotación concreta del laberinto en ruinas como albergue del fauno y último pasaje de regreso al mundo mágico de Ofelia. Este, estaría demarcado en la necesidad de una justificación de la existencia del laberinto como elemento dentro de la historia, que es en principio superficial y captado por el público de manera inmediata

El segundo significado es el de profundidad que alberga un mundo mágico que coexiste con el mundo de la realidad de Ofelia, que era única hasta que la pequeña se topa con este laberinto en ruinas. Pero en este sentido  no aparece tanto como vínculo entre realidad y fantasía, sino como el ambiente o escenario propicio para desarrollar esa contraparte de la realidad de Ofelia que, aunque mágica, no es precisamente un cuento de hadas color de rosa.

Sin embargo, la imagen de un laberinto escondido en la profundidad del bosque parece ser la única manera de mantener el mundo mágico de la pequeña princesa alejado de la influencia del malévolo capitán; quien tiene el control de todo en su realidad inmediata.  

Por otra parte y frente al contenido de la historia, existe otro significado en la palabra laberinto que puede ser más profundo, pero al mismo tiempo menos comprobable. El del laberinto como representación simbólica del tortuoso camino que debe seguir la pequeña princesa para lograr su salvación y su regreso a casa.

Este camino de vuelta a su reino, es un camino laberíntico rodeado de percances no sólo mágicos sino además cruelmente reales. Es decir, que los muros que entorpecen su llegada a casa están constituidos por seres mágicos y fantasmagóricos, pero también realmente malévolos como su padrastro.    


Cine y literatura

La película El Laberinto del Fauno es una muy bien lograda mezcla de la fantasía de los cuentos de hadas y la cruda realidad de la Guerra Civil Española, época que es el presente histórico de la narración.

Sin embargo, es importante preguntarse cómo los realizadores de esta producción cinematográfica logran unir de manera creíble para el público la fantasía y la cruda realidad de la guerra.

Una primera teoría nos haría recurrir a la estructura clásica de los cuentos de hadas, cuyas historias se encuentran conformadas por la presencia inicial de una protagonista, un conflicto familiar que alberga al antagonista, una realidad cruda y una meta por cumplir.

Es así como en el Laberinto del Fauno la protagonista obviamente es Ofelia, su conflicto familiar es el lidiar con una madre enferma y sumisa, quien a su vez la enfrenta a un cruel padrastro; el mundo mágico está dado por lo seres irreales y la meta final es regresar al reino, luego de tortuosas pruebas.

De esto podemos deducir que el vínculo entre la Guerra Civil Española y el mundo mágico del Fauno está dado por la relación de Ofelia con su antagonista; ya que éste es la cabeza, casi el cuerpo, de la sádica y problemática realidad a la que se enfrenta la niña, tanto en su entorno familiar como social.

Pero lo anterior es el vínculo de realidad y fantasía sólo en cuanto al hilo de la historia, porque existen otra serie de vínculos que se logran a través del uso de las herramientas que brinda el lenguaje cinematográfico.

Por ejemplo, podemos percatarnos de que pese a que existe una diferencia sustancial entre los dos mundos presentados en la película, hay también importantes similitudes entre ellos en cuanto a narrativa audiovisual. Vemos así cómo a los dos mundos se les imprime en la historia un tono escabroso, es decir, que el cambio de un ambiente a otro no es necesariamente abrupto, pese a que se contraponen.

El mundo mágico descubierto por Ofelia no tiene nada de tinte rosa, no es un mundo cargado de felicidad, ni de flores, ni de mariposas. Los ambientes rústicos y tenebrosos son comunes en ambos mundos.  

El manejo de luces es igual para ambos, a excepción de ciertas tomas. La película, sin establecer distinción entre los dos mundos, es manejada en cierta oscuridad, en contraluz y a veces se le dan ciertos tonos amarillentos.  Los dos mundos además están siempre en constante tensión, provocada por un juego de cámaras y de efectos sonoros. Planos largos de seguimiento, cámaras estáticas y contraplanos y la maximización de lo sonoro le otorgan este elemento de presión a la película.

Pero este vínculo no sólo se logra a través de las herramientas cinematográficas, sino que en ello también tienen efectividad las características de los personajes. Por ejemplo, vemos cómo Guillermo del Toro logra mantener en expectativa la verdadera intencionalidad del Fauno y de los seres mágicos. Hasta el final de la película el espectador duda de la bondad de estos seres, no sólo por su aspecto que es desagradable en principio, sino también por los parlamentos que le son otorgados.  

Los personajes fantásticos parecen y de hecho tienen intereses propios más profundos que el simple deseo de conducir a la pequeña princesa de vuelta a su reino.

Por otra parte, los efectos sonoros y el manejo del zoom out o zoom in, juegan un papel importante también en la unión de ambos mundos, en hacer menos abrupto el paso de la realidad a la fantasía. En este último punto el trabajo de edición que se hace para unir con efectos visuales y sonoros imágenes del mundo real con el mundo fantástico, tienen un papel preponderante en la justificación de la unión de las dos historias.

Esto se puede ejemplificar con la escena en que se hace un efecto de zoom in al rostro de Ofelia mientras se encuentra recostada en el vientre de su madre, para luego pasar a conectarse esa realidad con el mundo fantástico del bebé que aún no ha nacido. Otro ejemplo de esto puede ser la vinculación a través de la tiza mágica que le fue entregada a la pequeña princesa para abrir portales entre su cruel realidad y el mundo tenebroso de lo fantástico.    

Sin embargo, en la historia estos dos mundos parecen estar unidos sólo por una tenue línea y durante la película aunque su unión es justificada, coexisten de manera independiente.

El espectador es conducido por Guillermo del Toro a través de dos historias que parecen radicalmente distintas, cada una con un desarrollo separado y con personajes que construyen los unos la crueldad de la guerra y los otros la fantasía de un cuento de hadas más bien oscuro.     

Hay ciertas diferencias en los manejos de cámaras para cada uno de los mundos. Por ejemplo, mientras que en el mundo real prevalecen los primeros planos y los planos detalle; en el fantástico éstos poco se usan y se prefieren los vuelos de cámaras y los efectos especiales.

El lenguaje también varía mucho en ambos. Los personajes mágicos le imprimen el tono premonitorio y fantástico de los cuentos de hada, mientras que en el mundo real el lenguaje está cargado de dramatismo, de crueldad y de reflexiones. 

Hay algo interesante en la película y es que el narrador de la historia no deja nunca claridad sobre si ese mundo fantástico encontrado por Ofelia es cierto o si es un simple medio de evasión de la niña para escapar de la realidad de la guerra y de su conflicto familiar.

El principio y el final se encuentran entrelazados por la voz en off del narrador y es, precisamente él, el único personaje vinculado al mundo real que es testigo del mundo fantástico de Ofelia.