El laberinto del
fauno,
entre el cine y la literatura
Por KATERINE JAIMES PEÑA
La película El
laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, es una clara muestra de la manera
de la relación entre cine y literatura, aunque sólo en una expresión de ella.
Pues existe también la relación que otorgan las adaptaciones de obras
literarias al séptimo arte, entre otras.
Haremos hoy un análisis de este filme, poniéndolo en diálogo con el lenguaje ortigado por la literatura. En principio, diremos que la palabra laberinto frente al contenido de la película alberga no sólo uno sino varios significados.
El primero, y más
obvio de ellos, vendría siendo el de la connotación concreta del laberinto en
ruinas como albergue del fauno y último pasaje de regreso al mundo mágico de
Ofelia. Este, estaría demarcado en la necesidad de una justificación de la
existencia del laberinto como elemento dentro de la historia, que es en
principio superficial y captado por el público de manera inmediata
El segundo significado
es el de profundidad que alberga un mundo mágico que coexiste con el mundo de
la realidad de Ofelia, que era única hasta que la pequeña se topa con este
laberinto en ruinas. Pero en este sentido
no aparece tanto como vínculo entre realidad y fantasía, sino como el
ambiente o escenario propicio para desarrollar esa contraparte de la realidad
de Ofelia que, aunque mágica, no es precisamente un cuento de hadas color de
rosa.
Sin embargo, la
imagen de un laberinto escondido en la profundidad del bosque parece ser la
única manera de mantener el mundo mágico de la pequeña princesa alejado de la
influencia del malévolo capitán; quien tiene el control de todo en su realidad
inmediata.
Por otra parte y frente
al contenido de la historia, existe otro significado en la palabra laberinto
que puede ser más profundo, pero al mismo tiempo menos comprobable. El del
laberinto como representación simbólica del tortuoso camino que debe seguir la
pequeña princesa para lograr su salvación y su regreso a casa.
Este camino de
vuelta a su reino, es un camino laberíntico rodeado de percances no sólo
mágicos sino además cruelmente reales. Es decir, que los muros que entorpecen
su llegada a casa están constituidos por seres mágicos y fantasmagóricos, pero
también realmente malévolos como su padrastro.
Cine y literatura
La película El Laberinto del Fauno es una muy bien
lograda mezcla de la fantasía de los cuentos de hadas y la cruda realidad de
Sin embargo, es
importante preguntarse cómo los realizadores de esta producción cinematográfica
logran unir de manera creíble para el público la fantasía y la cruda realidad
de la guerra.
Una primera teoría nos haría recurrir a la estructura clásica de los cuentos de hadas, cuyas historias se encuentran conformadas por la presencia inicial de una protagonista, un conflicto familiar que alberga al antagonista, una realidad cruda y una meta por cumplir.
Es así como en el Laberinto del Fauno la protagonista
obviamente es Ofelia, su conflicto familiar es el lidiar con una madre enferma
y sumisa, quien a su vez la enfrenta a un cruel padrastro; el mundo mágico está
dado por lo seres irreales y la meta final es regresar al reino, luego de tortuosas
pruebas.
De esto podemos
deducir que el vínculo entre
Pero lo anterior es
el vínculo de realidad y fantasía sólo en cuanto al hilo de la historia, porque
existen otra serie de vínculos que se logran a través del uso de las
herramientas que brinda el lenguaje cinematográfico.
Por ejemplo,
podemos percatarnos de que pese a que existe una diferencia sustancial entre
los dos mundos presentados en la película, hay también importantes similitudes
entre ellos en cuanto a narrativa audiovisual. Vemos así cómo a los dos mundos
se les imprime en la historia un tono escabroso, es decir, que el cambio de un
ambiente a otro no es necesariamente abrupto, pese a que se contraponen.
El mundo mágico
descubierto por Ofelia no tiene nada de tinte rosa, no es un mundo cargado de
felicidad, ni de flores, ni de mariposas. Los ambientes rústicos y tenebrosos
son comunes en ambos mundos.
El manejo de luces
es igual para ambos, a excepción de ciertas tomas. La película, sin establecer
distinción entre los dos mundos, es manejada en cierta oscuridad, en contraluz
y a veces se le dan ciertos tonos amarillentos. Los dos mundos además están siempre en
constante tensión, provocada por un juego de cámaras y de efectos sonoros. Planos
largos de seguimiento, cámaras estáticas y contraplanos y la maximización de lo
sonoro le otorgan este elemento de presión a la película.
Pero este vínculo
no sólo se logra a través de las herramientas cinematográficas, sino que en
ello también tienen efectividad las características de los personajes. Por
ejemplo, vemos cómo Guillermo del Toro logra mantener en expectativa la
verdadera intencionalidad del Fauno y de los seres mágicos. Hasta el final de
la película el espectador duda de la bondad de estos seres, no sólo por su
aspecto que es desagradable en principio, sino también por los parlamentos que
le son otorgados.
Los
personajes fantásticos parecen y de hecho tienen intereses propios más
profundos que el simple deseo de conducir a la pequeña princesa de vuelta a su
reino.
Por otra parte, los
efectos sonoros y el manejo del zoom out o zoom in, juegan un papel importante
también en la unión de ambos mundos, en hacer menos abrupto el paso de la
realidad a la fantasía. En este último punto el trabajo de edición que se hace
para unir con efectos visuales y sonoros imágenes del mundo real con el mundo
fantástico, tienen un papel preponderante en la justificación de la unión de
las dos historias.
Esto se puede
ejemplificar con la escena en que se hace un efecto de zoom in al rostro de
Ofelia mientras se encuentra recostada en el vientre de su madre, para luego
pasar a conectarse esa realidad con el mundo fantástico del bebé que aún no ha
nacido. Otro ejemplo de esto puede ser la vinculación a través de la tiza
mágica que le fue entregada a la pequeña princesa para abrir portales entre su
cruel realidad y el mundo tenebroso de lo fantástico.
Sin embargo, en la
historia estos dos mundos parecen estar unidos sólo por una tenue línea y
durante la película aunque su unión es justificada, coexisten de manera
independiente.
El espectador es
conducido por Guillermo del Toro a través de dos historias que parecen
radicalmente distintas, cada una con un desarrollo separado y con personajes
que construyen los unos la crueldad de la guerra y los otros la fantasía de un
cuento de hadas más bien oscuro.
Hay ciertas
diferencias en los manejos de cámaras para cada uno de los mundos. Por ejemplo,
mientras que en el mundo real prevalecen los primeros planos y los planos
detalle; en el fantástico éstos poco se usan y se prefieren los vuelos de
cámaras y los efectos especiales.
El lenguaje también
varía mucho en ambos. Los personajes mágicos le imprimen el tono premonitorio y
fantástico de los cuentos de hada, mientras que en el mundo real el lenguaje
está cargado de dramatismo, de crueldad y de reflexiones.
Hay algo
interesante en la película y es que el narrador de la historia no deja nunca
claridad sobre si ese mundo fantástico encontrado por Ofelia es cierto o si es
un simple medio de evasión de la niña para escapar de la realidad de la guerra
y de su conflicto familiar.
El principio y el final se encuentran entrelazados por la voz en off del narrador y es, precisamente él, el único personaje vinculado al mundo real que es testigo del mundo fantástico de Ofelia.
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