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Bogotá D.C. 21 de octubre de 2014

ISSN 2145-7999

Medina Reyes y la relación literatura-mass medias

Medina Reyes y la relación literatura-mass medias


Por KATERINE JAIMES PEÑA


Efraim Medina Reyes nació en 1967 en la ciudad de Cartagena, pero en 1996 se trasladó a la ciudad de Bogotá. Antes de dedicarse a la literatura fue boxeador y líder del grupo musical 7 Torpes Band. Con esta agrupación grabó los CD Canciones mediocres y Canciones aún más mediocres, títulos que desde ya vislumbraban su sentido provocador y sarcástico.

Además, fundó la multinacional Fracasos Ltda, a la que alude en nuestra obra objeto, Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo. También incursionó en la dirección de teatro y de cine en video.

En cuanto a su obra literaria, podemos señalar que Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo y Técnicas de masturbación entre Batman Y Robin fueron traducidas al italiano y al portugués. En 1985 ganó el segundo premio del Concurso Nacional de Poesía Icfes, y en 1995 obtuvo el Premio Nacional de Literatura, en la modalidad de cuento con la obra Cinema árbol y otros cuentos.

Medina ha publicado desde la década de los ochenta cuentos, crónicas periodísticas, poesía y novela. En 1985 publicó  Una pared y otro poemas, en el 87 fue finalista del concurso Ciudad de Pereira con la obra Ciudad Inmóvil, en 1988 WGC editores publicó su novela Seis informes y en 1990 publicó El automóvil sepia. En el 2002 publicó Técnicas de masturbación entre Batman y Robin y en el 2005 La sexualidad de la pantera rosa y el libro de poemas Pistoleros, putas y dementes.

Con nuestra obra objeto, Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo, logró el primer lugar en 1997 en el concurso nacional Eduardo Caballero Calderón del Ministerio de Cultura.

Pese a este reconocimiento, como señala Héctor Andrés Gaitán en su tesis El punk como intertexto esencial en Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo, varias editoriales se negaron a publicarla. “En el año 2001 la pequeña editorial Proyecto Editorial la publicó. Se imprimieron sólo 500 ejemplares para venderlos en un año, pero se vendió en una semana y lo mismo ocurrió con las reediciones”.

Posteriormente, el escritor y crítico italiano, Danilo Maniera, le pidió unos cuentos para publicarlos en el libro Cinema árbol y otros cuentos. Luego, la también italiana editorial Feltrinelli publicó Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo. Se vendieron 60 mil copias. La novela fue traducida también al inglés, francés y alemán. Sólo hasta el año 2003 la editorial Planeta decide publicar la novela de Medina Reyes. Hasta la fecha, ya ha lanzado cuatro ediciones.

Como escribe Héctor Andrés Gaitán en su tesis El punk como intertexto esencial en Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo, Son pocas las críticas que se han hecho de Medina en el país que logren ir más allá de su imagen de irreverencia. Una de estas es la propuesta de análisis que hace Quin Medina.

“La mayoría de reseñas y textos críticos se limitan a establecer relaciones causales entre la vida del escritor y las situaciones de sus obras o de sus personajes. Esto se debe a que entre Medina y sus textos existe una relación muy estrecha; de hecho el mismo autor así lo ha reconocido cuando ha afirmado que “la relación entre la literatura y mi vida personal es total, no hay diferencia”. (Gaitán: 7)

Sin embargo, como Héctor Andrés Gaitán aclara, Medina completa lo anterior señalando que “…lo mío es más vital o vivencial que autobiográfico”. Lo que llevaría a pensar según Gaitán, que para Medina su obra no está dada por el mero carácter ficcional de la anécdota, “sino por el desarrollo de estructuras narrativas, el uso del lenguaje y la construcción de personajes y alter-egos a través de los cuales busca confrontar al lector” (Gaitán: 8)

De otro lado, diremos que la mayoría de la obra literaria de Medina Reyes se caracteriza por una gran influencia de los medios masivos de comunicación, de manera especial, tiene una gran carga de la narrativa cinematográfica y de la influencia del punk y el rock.

Medina Reyes podrían incluirse en la corriente fundada por escritores contemporáneos como Alberto Fuguet, que representan una nueva narrativa, cuyos escritores nacieron entre los años 1950 y 1964 y que se inspiran en el realismo de la cotidianidad urbana y su trasfondo político y social, en un estilo más directo y con una actitud de orfandad respecto a la escritura narrativa tradicional.

El estilo de estos escritores se ha caracterizado por ser una propuesta más urbana y de una realidad fuerte, en oposición al realismo mágico latinoamericano, el cual tuvo sus inicios en la obra del colombiano Gabriel García Márquez, a quien Medina Reyes claramente critica en nuestra obra objeto Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo.

Además, estos escritores son señalados por sus detractores como “extranjerizantes”, debido a sus constantes referencias a la cultura pop norteamericana, es decir, a la presencia de una mezcla de cine, rock y la televisión en sus obras. Esta característica también claramente presente en la obra de Medina Reyes. Sin embargo, es claro que esta dualidad de culturas, esa mezcla de lo latinoamericano con lo norteamericano, les es innato a quienes se criaron en un mundo globalizado y homogeneizado por los mass media.

Es importante también hablar de la Generación del 87, denominada así por Rodrigo Canovas y en la que claramente cabría la obra de Medina Reyes, al cumplir con varios de los rasgos característicos de esta nueva narrativa.

Esta generación marca su nacimiento a partir de la edición y publicación de la antología internacional Mcondo. Algunos de los autores que se inscriben en esta generación son: el chileno Alberto Fuguet, el boliviano Edmundo Paz-Soldán, el argentino Rodrigo Fresán y la también la chilena  Marcela Serrano.

Es importante aclarar que estos escritores han sido reiterativos en el hecho de que para ellos no existe una ideología de narrativa, ni manifiesto público alguno sobre su posición.

La antología Mcondo fue tomado en el mundo como un manifiesto de este grupo de escritores para presentar una nueva narrativa latinoamericana, “ya no desde el realismo mágico sino desde problemáticas urbanas, cotidianas, donde los medios masivos y el desarraigo son el verdadero denominador común y donde la globalización y las redes de información hacen parte de la cotidianidad”, como escribe Useche López en su tesis Del cine a la novela y viceversa.

Otro aspecto importante que define a este grupo de escritores es que no descuidan la importancia del mercado y de la cultura del consumo. Por esto, son calificados de escritores publicitarios, aunque ellos no niegan que su éxito está supeditado al consumo.

De otro lado, Héctor Andrés Gaitán, en su tesis El punk como intertexto esencial en Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo, alude a una nueva generación de escritores colombianos, que estaría conformada, además de Medina Reyes, por escritores como Santiago Gamboa, Mario Mendoza, Jorge Franco Ramos y Enrique Serrano, entre otros.

Citando a Santiago Gamboa escribe: “Esa camada (la generación de la ruptura) estuvo muy cautivada por la literatura francesa y en especial por el Nouveau roman que instaba a escribir novelas que el lector no entendiera…había que escribir contra el lector…” (47)

 Con esto, señala que las nuevas generaciones no se identifican con el realismo mágico porque tienen otras identidades y otras influencias culturales, dadas más por los medios de comunicación y la cultura de masas.

Para Gaitán lo mediático en Medina Reyes va más allá de una simple táctica publicitaria y estaría ligado a dos propuestas literarias claves:  la estrecha relación que existe entre su vida y obras y la contradicción que presentan los medios en el texto de este autor.

Lo que unificaría a estos escritores, según Gaitán, sería la ausencia de una estética común, que se refleja en la pluralidad de lenguajes narrativos.

De acuerdo con lo expuesto por Gaitán en su tesis, otros tópicos comunes entre ellos serían: preferencia de los espacios urbanos, inclusión de las culturas distintas y de otros países, influencia del lenguaje extraliterario como el cinematográfico y el mediático y aparente ausencia de compromiso político y falta de experimentación con el lenguaje.

Además señala que, tocarían temas sociales, pero sin caer en lo panfletario. El lenguaje que usan es sencillo y directo para relatar hechos cotidianos que son cercanos al lector.

Análisis de Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo desde tres perspectivas de la relación literatura - mass medias

A continuación, realizaremos un análisis de la obra Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo de Efraim Medina Reyes, desde las teorías planteadas por Alejandro Quin medina, María del Pilar Lozano Mijares y Ana María Amar Sánchez sobre el vínculo entre literatura y medios de comunicación.

En principio, diremos que los tres autores están de acuerdo en que este choque entre medios de comunicación y literatura tradicional se constituye en un rasgo característico de la actual condición posmoderna.

Inicialmente acudiré a las ideas planteadas por Quin Medina, por tratarse de una referencia directa a la obra de Efraim Medina Reyes, que nos será de gran utilidad. Posteriormente, analizaremos la forma en la que se cumplen o no las teorías de paraliteratura o literatura posmoderna de Lozano Mijares y de seducción y traición de Amar Sánchez.

En el texto  (Post) literatura, mercado y espectáculo en la escritura de Efraim Medina Reyes, Alejandro Quin Medina expone una serie de consideraciones sobre nuestra obra objeto que nos serán de gran utilidad.

La propuesta que hace Quin Medina es la de una lectura de la obra del colombiano Efraim Medina Reyes como un tipo de escritura que surge de un espacio narrativo posliterario, que se caracteriza por el choque de la industria literaria con el mercado cultural producido especialmente por los medios masivos de comunicación.

Claramente la obra de Medina Reyes se encuentra influenciada por el lenguaje de los medios de comunicación y no sólo eso, además se reconoce a sí misma como producto del mercado. Como lo señalamos con anterioridad, Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo, se encuentra atravesada por el lenguaje mediático y por las fórmulas del mercado, tanto en su estructura como en lo temático, en la construcción de los personajes, en el uso que hace del lenguaje y en la inclusión de otros géneros como el cine y la música.

De hecho, el carácter intertextual de la obra de Medina Reyes radica en la relación de su escritura con el lenguaje y la cultura mediática. Los personajes, la forma en la que se expresan, se desarrollan, se proyectan y actúan está mediada y fundamentada por los medios de comunicación. Sin embargo, no se trata de un proceso pasivo, sino cuestionador. Se trata de un proceso retroalimentador. 

Además, el choque que fundamenta la escritura de Efraim Medina no es sólo el de la literatura con los medios de comunicación, sino más bien el impacto que los mass media y las nuevas tecnologías han tenido sobre nuestras sociedades permeando nuestra cultura y la forma en que nos comunicamos y vemos el mundo.


Como señala Quin Medina: “Este nuevo espacio representa el agotamiento, no sólo del tradicional impulso autonómico de la literatura como expresión artística, sino también de las antiguas correspondencias entre nación, cultura y territorio”, escribe Quin Medina (Quin Medina: 267)

"“Vivo entre el sueño y la realidad, sueño que soy Big Rep, una estrella del cine y el arte, que vivo en New York  y concedo mil entrevistas por día, que tengo un sirviente filipino y una mansión de 57 habitaciones, que las mujeres se arrastran por mí, que hago lo que quiero y digo lo que siento. Sueño que soy íntimo de Seann Penn, Wim Wenders y Mónica Huppert…..(126)

En este párrafo de Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo podemos evidenciar varias cosas. Dos de ellas son,  la forma en la que los medios de comunicación modificaron nuestra visión de mundo e implantaron nuevos sueños en los individuos de la actualidad y cómo los mass media han roto los límites territoriales, haciendo internacionales a los ídolos norteamericanos y también popularizando su cultura y su estilo de vida.   


Más adelante escribe Quin Medina: “Sin embargo, el sucumbir a la inmanencia del mercado y al lenguaje de la industria cultural no impide que la narrativa de Medina Reyes sea también crítica e irónica respecto a los mismos elementos que contiene y reproduce”. (Quin Medina: 267)

Estamos de acuerdo con este enunciado, pero diríamos más bien que la escritura de Medina es ante todo crítica de los elementos del mercado, que se manifiesta a través de un irónico sucumbir a dicha cultura. Sin embargo, en ella hay también un reconocimiento de los cambios impresos en las sociedades por los medios de comunicación.

Lo que pretendo decir es que si bien Medina hace una crítica sarcástica de la cultura ligera producida por los mass media, sabe que la única forma de narrar posible en la actualidad es a través del lenguaje mediático y sus implicaciones.

“Una escena donde el chico anónimo salga a navegar con una cierra eléctrica por un océano de brazos. Otra donde el chico anónimo le saque todos los dientes a su madre y se haga un collar. Creo que sólo convertido en asesino puede un chico de esta ciudad ser famoso” (Medina Reyes: 46)

El anterior párrafo de Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo nos da un claro ejemplo de la forma en que Medina Reyes establece distancia de los medios de comunicación y de la cultura de masas. Lo hace a través del humor negro o de la ironía. Estos recursos le permiten ser crítico sin perder la seducción y la relación de ligereza que ha establecido con el lector.

De otro lado, si bien Medina Reyes anuncia la existencia de un espacio creativo de la postliteratura a partir del colapso entre escritura, medios y mercado, como señala Quin Medina, éste no sólo se distancian de la concepción tradicional de la literatura sino que además la niega como predecesora de su escritura y pone en su lugar a los medios de comunicación. Los medios masivos desplazan a la literatura tradicional de su lugar.

“…Eso es lo que me emputa de la literatura literaria, en esta los personajes son rígidos y deambulan por la trama como tarritos de conserva por los rieles de una fábrica: si se portan bien lo hacen de una forma cuadrada. Si son malos actúan perfectamente mal. Si son buenos y malos – a un tiempo- tiene una forma inequívoca de serlo. Así pretende hacer uno con las personas,. convertirlas en personajes que deben actuar a nuestro antojo….(Medina Reyes: 132)

Quin Medina plantea también que en el caso de Medina Reyes “el vínculo entre literatura y medios se ha agudizado, produciendo lo que sería el espacio de enunciación de la literatura postliteraria, donde no existiría un afuera del mercado en donde la literatura pueda salvaguardarse y negociar”. (Página 272)

Es cierto que en escritores como Medina Reyes el vínculo literatura-medios se ha agudizado, sin embargo, aunque reconoce las modificaciones impresas por los medios de comunicación a nuestras sociedades, no niega aún la existencia de un afuera. Lo que pretendo decir es que Medina Reyes plantea más bien la existencia paralela de dos realidades que se confunden y subsisten de forma simultánea, que se plagian mutuamente y mutuamente modifican sus códigos.

“Sólo dos veces es tuve peor en mi vida: Cuando Pambelé perdió por segunda vez el título (la primera vez fue un robo y sentí rabia pero no dolor, sabía que letal Benitez era un caguetas y así lo demostró cuando lo despojaron por no enfrentar a Pambelé en la acordada revancha) y cuando cierta chica me abrió de su vida para siempre. Kurt No era sólo música y escándalos, para mí representaba otra cosa, algo personal, una alternativa de vida que fracasó…el cable habla de la sobredosis en Londres y Roma, de peleas maritales, de fama y fastidio. El cadáver todavía está caliente pero los buitres no quieren esperar. Eso le pasa a Cobain y también al panadero de la esquina ….(Medina Reyes 107-108)

Como vemos en el anterior párrafo, el personaje de Rep compara el dolor que siente por el suicidio de Kurt Cobain con el que sintió cuando cierta chica lo dejó. Pero a la vez compara a Kurt con el panadero de la esquina, en un juego de palabras con el que va entrelazando los dos mundos el virtual y el de la vida empírica.

Alejandro Quin Medina, habla además del nacimiento de una cultura del simulacro, en la que en escasas palabras es más importante ser que parecer, que sería insertada en la sociedad por la cultura de masas y que también se encuentra claramente presente en la narrativa de Efraim Medina Reyes. Para esto, cita como ejemplo el relato de El aprendiz de foca, un manual de comportamiento que hace parte de Técnicas de masturbación entre Batman y Robin.

“…Si la ontología clásica, por lo menos desde Platón, consistía en oponer la esencia a la apariencia, la verdad a la falsedad, el ser al no-ser (oposición que en última instancia presuponía la tensión dialéctica entre signo y referente), el manual se sitúa en un plano ontológico hiperreal donde la apariencia no presupone algo anterior que sea aparentado y donde el referente ha desaparecido. Es interesante que Medina Reyes oponga la expresión “hacer creer”,  que bien podría reformularse como parecer, a los verbos ser y tener”. (Página 278)

Vemos que en la obra de Efraim Medina Reyes esta idea del simulacro se desarrolla claramente desde los personajes, que están siempre simulando, jugando a parecer. Por ejemplo, el texto inicia con una descripción de Rep sobre sí mismo.

Lo hace con un toque bastante marcado de egocentrismo, haciendo énfasis en su personalidad dura y desalmada. Es una descripción bastante superficial de sí mismo y que acude a referentes mediáticos como los cowboys. Además, su sexo y la forma en que logra satisfacer con él a las mujeres es también el centro de la descripción de su personalidad.

“Me llamo Rep-diminutivo de reptil-desde que recuerdo. Mido seis pies y peso ochenta y un kilos (como los cowboys de Marcial Lafuente Estefanía), tengo ojos negros y hundidos como agujeros de escopeta a punto de disparar, la boca sensual y una vega de 25 centímetros en los días calurosos. No soy eyaculador precoz ni suelo tener mal aliento, me gusta cortarme las uñas hasta hacerlas sangrar, tengo huellas de acné en la cara y el culo, unos dientes fuertes y el olor de mi piel es fascinante. Para la eficaz e inolvidable sacudida que toda mujer sueña, soy el tipo indicado. También me destaco bebiendo. No sé bailar ni cantar, pero si los que saben hacer esas cosas pudieran hacerlo como yo, estarían en la cima. Mis amigos piensan que soy la verga herida, mis enemigos que soy un fantoche. A y B son opiniones acertadas, aunque ya sabrán cuál prefiero. Soy heterosexual y mi inteligencia es feroz. He recibido heridas de bala bala, cuchillo y objetos no identificados. Jamás he matado a nadie pero he dejado a muchos al borde de la muerte física o espiritual. No es bueno meterse conmigo…” (Página 11)      

Finalmente, concluye el autor de (Post) literatura, mercado y espectáculo en la escritura de Efraim Medina Reyes señala que lejos de las apariencias, la narrativa de Efraim Medina constituye una ironización de la industria cultural y la sociedad del espectáculo.  

“Es cierto que, al enunciar al mercado como un todo inmanente, los textos de Medina Reyes estarían invalidando automáticamente cualquier formulación crítica que se promulgue desde esferas trascendentes, pero no estarían renunciando a crear distanciamientos irónicos ante aquello que en un primer plano se presenta como evidente y natural. Esto último se lograría no tanto saliéndose del mercado para juzgarlo desde la moral, la nación o la identidad (una posibilidad inexistente en los textos de Medina Reyes), sino internalizando su modus operandi hasta producir la emergencia de lo caricaturesco”…(Página 283)

Sin embargo, en Érase una vez el amor, pero tuve que matarlo, hay reflexiones explícitas que critican el sistema mercantilista del espectáculo y de los medios de comunicación. Por ejemplo, En el párrafo que cito a continuación, el autor crudamente describe el papel que cada uno de los actores del espectáculo juega en ese nuevo mundo del que todos somos presos actualmente. El ídolo victimizado por la masa y por los dueños del mercado del entretenimiento no tiene otra salida que seguirles el juego y simular ser lo que ellos quieren que sea. La masa estupidizada se vuelve verdugo y mata lentamente a sus ídolos, los ama sin límites para luego devorarlos por completo. Entre tanto, los dueños de los medios, los grandes empresarios, sacan provecho de una y otra circunstancia.

“La gente decía cosas malas de Nancy. Sid era el ídolo y lo querían aislado, expuesto: lo querían jodido por y para ellos. La prensa esculcaba sus intimidades, los llamaban monstruos sin corazón, muñecos tragamonedas. Los conciertos se sucedían uno tras otro, el público pedía acción. Sid se agitaba furioso y la gente gritaba. Pero Sid no estaba furioso, sólo fingía estarlo. Sid tenía angustia quería estar con Nancy…Abajo, frente a él, se movía aquella sustancia viscosa, delirante. En otro lado, protegidos por matones, los dueños del mundo contaban billetes y quizás uno de ellos se estaría atorando a Nancy, uno bien feo…”

De otro lado, los seres humanos son catalogados con terminología del consumo:

“…Estaría gimiendo bajo ciento cincuenta kilos de sebo cualquiera, sin control de calidad no fecha de vencimiento, sebo sin alma”…(19)

En la próxima edición veremos cómo se acopla la obra de Medina Reyes a la idea de paraliteratura y a la teoría de seducción y traición de los medios de comunicación.