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Bogotá D.C. 20 de mayo de 2012

ISSN 2145-7999

Ceferino Piriz y Morelli, la búsqueda del reino milenario

Ceferino Piriz y Morelli, la búsqueda del reino milenario


Por KATERINE JAIMES PEÑA


En los capítulos 129 y 133 del libro Rayuela de Cortazar, el personaje de Traveler se encuentra bastante entretenido leyendo la propuesta de una sociedad utópica propuesta por un inefable personaje: Ceferino Piriz. Esta propuesta está formulada en una obra de su autoría llamada: La luz de la paz del mundo.

Este peculiar personaje de origen uruguayo, presentó su obra ante la UNESCO para participar en un concurso. En “La Luz de la Paz del Mundo”,Ceferino Piriz sugiere una “gran fórmula en pro de la paz mundial”. La propuesta de Ceferino Píriz es una idea utópica de ordenar el mundo, clasificándolo de una forma bastante absurda. Por ejemplo, proponía una división de razas, distribución de armas en forma proporcionada, de acuerdo con el territorio, establecía "cuántos niños ha de dar a luz, por convención internacional, una mujer", determinando también, las Corporaciones nacionales que debían componer un país ejemplar.

La doceava, por ejemplo, era "la Corporación Nacional de Casas-Criaderos de animales, ocupadas éstas de la Cría Menor o cría de animales no corpulentos: cerdos, ovejas, chivos, perros, tigres, leones, gatos, liebres, gallinas, patos, abejas, peces, mariposas, ratones, insectos, microbios, etc." Cap 133, p.439.

La función de incluir este personaje en la novela, es criticar, a través de sus ideas, la utopía clásica de orden cerrado impuesto por el mundo de la Gran Costumbre y “su manía clasificatoria”.

Esta idea de transgresión al orden cerrado, está presente también en las cartas de Morelli, donde afirma “mi novela se puede leer como sea”. Sugiriendo, así, al escritor nuevo, romper con el orden cerrado que se imponía en la novela tradicional. Morelli, se muestra interesado también en estudios o “desestudios”, como el budismo Zen y, a partir de esta filosofía oriental, plantea una nueva forma de entender el lenguaje. Piensa Oliveira, que sus intenciones aluden “suzukianamente al lenguaje como una especie de “exclamación o grito surgido directamente de la experiencia interior”.

Al parecer, la idea de Morelli de escribir una novela “prescindiendo de las articulaciones lógicas del discurso” es una idea bastante utópica. “Se acababa por adivinar como una transacción, un procedimiento (aunque quedara en pie el absurdo de elegir una narración para fines que no parecían narrativos)”. 95-365.

Finalmente, lo que propone Morelli, basándose en la filosofía Zen, es una novela “absolutamente antinovelesca”. “Etienne veía en Morelli al perfecto occidental, al colonizador. Cumplida su modesta cosecha de amapolas búdicas, se volvía con las semillas al Quartier Latín.

Si la revelación última era lo que quizá lo esperanzaba más, había que reconocer que su libro constituía ante todo una empresa literaria, precisamente porque se proponía como una destrucción de formas (de fórmulas ) literarias”. (95-365).

Es por eso que en el capítulo 127 se habla de las ideas de estos dos personajes debido a que son personajes trasgresores en su afán de cambiar, uno, la forma de la novela tradicional y, el otro, el orden del mundo, implementando sistemas diferentes. El orden cerrado de la novela equivale a esos órdenes cerrados que critica Oliveira y los otros miembros del club de la serpiente. Este orden cerrado es el mundo en pleno arreglo del cual se burla Traveler: “Le daba lástima salirse del mundo de Ceferino en pleno arreglo, justamente cuando Cefe se ponía a enumerar las 45 Corporaciones Nacionales que debían componer un país ejemplar”. (133- 439).

Con la idea de Ceferino, de proponer un mundo ordenado sistemáticamente, se hace referencia, también, al tema del absurdo como escape de la realidad. El absurdo al cual apelan los personajes de Rayuela, es una forma de vulnerar los convencionalismos impuestos por el mundo de la Gran Costumbre. El absurdo le permite a los personajes utilizar el lenguaje para ir más allá de la realidad y decir lo que no se puede explicar con el lenguaje común. Este absurdo le sirve a Oliveira para burlarse y denunciar los límites de la razón.

Oliveira pone en tela de juicio instrumentos del conocimiento como el lenguaje y la literatura, para él, el lenguaje no es suficiente para expresar la realidad: “Sólo viviendo absurdamente se podría romper este absurdo infinito”. Según Oliveira hay que utilizar un lenguaje que muestre una realidad diferente: “—Y esas crisis que la mayoría de la gente considera como escandalosas, como absurdas, yo personalmente tengo la impresión de que sirven para mostrar el verdadero absurdo, el de un mundo ordenado y en calma, con una pieza donde diversos tipos toman café a las dos de la mañana, sin que realmente nada de eso tenga el menor sentido como no sea el hedónico, lo bien que estamos al lado de esta estufita que tira tan meritoriamente. Los milagros nunca me han parecido absurdos; lo absurdo es lo que los precede y los sigue”. (144)

Por su parte, Traveler daba a entender que Ceferino Piriz proponía “romper la dura costra mental.” Traveler se pregunta “Cómo veía Ceferenino lo que había escrito”, “o que en verdad lo que plantea Ceferino es una realidad deslumbrante”, “habría que probar un mundo así”. Pero ese mundo no existe “hay que crearlo como el fenix”. (322). Es el mundo que busca Oliveira, que existe, pero aquí mismo.

Notamos también una idea de búsqueda de “reino milenario”, de paraíso perdido, por parte de estos personajes. Esta búsqueda utópica está relacionada con la idea de ruptura, la idea de acabar con la literatura para hacer una nueva literatura, planteada por Morelli y la idea de cambiar el mundo sugerida por Ceferino. Nostalgia del paraíso perdido añorada por el hombre, mencionada por Oliverira en algunos pasajes de la novela. Búsqueda del paraíso por parte de Oliveira, representada en su búsqueda constante de la Maga y su anhelado Kibbutz del deseo, su búsqueda constante del centro: de un más allá que está aquí mismo, en este mundo, en la humanidad.

Es por eso, que, según Oliveira, personajes como Morelli y Ceferino se dedican a fabricar utopías y proponer un futuro mejor, unos se agarran de la ciencia y la razón, otros, de la filosofía oriental. “Y esa visión casi edónica de una chacra donde los chivos se criaban al lado de los tigres, los ratones, las mariposas, los leones y los microbios... Ahogándose de risa, salió al pasillo. El espectáculo casi tangible de una estancia donde los empleados-de-cuyo-establecimiento se debatían tratando de criar una ballena, se superponía a la austera visión del pasillo nocturno. Era una alucinación digna del lugar y de la hora, parecía perfectamente tonto preguntarse qué andaría haciendo Talita en la farmacia o en el patio, cuando la ordenación de las corporaciones se seguía ofreciendo como una lámpara” (439).

Así mismo, en una de sus cartas Morelli hace referencia a este reino milenario: “Morelliana. ¿Qué es en el fondo esa historia de encontrar un reino milenario, un edén, un otro mundo? Todo lo que se escribe en estos tiempos y que vale la pena leer está orientado hacia la nostalgia. Complejo de la Arcadia, retorno al gran útero, back to Adam, le bon sauvage (y van...), Paraíso perdido, perdido por buscarte, yo, sin luz para siempre…el Paraíso, el otro mundo, la inocencia hollada que oscuramente se busca llorando, la tierra de Hurqalya. De una manera u otra todos la buscan, todos quieren abrir la puerta para ir a jugar. Y no por el Edén, no tanto por el Edén en sí, sino solamente por dejar a la espalda los aviones campanilla, el ajustarse a termómetro y ventosa, la jubilación a patadas en el culo (...) (Página 320)

La idea de redescubrir el paraíso perdido, que sugieren los personajes de la novela, viene a ser una especie de coyuntura para ganarle la batalla a las convenciones de occidente y su lógica cerrada, que deriva de las categorías kantianas que imponen un absurdo dualismo.

Este paraíso sirve de puente para traspasar todo eso que está del lado de la Gran Costumbre, para ir más allá de sus imposiciones arbitrarias. La búsqueda de Oliveira está presente en la novela simbólicamente en una llave, una puerta, un puente, un tablón, un guante, en la Maga. “Terrible tarea la de chapotear en un círculo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna, por decirlo escolásticamente. ¿Qué se busca? ¿Qué se busca? Repetirlo quince mil veces, como martillazos en la pared. ¿Qué se busca ? ¿Qué es esa conciliación sin la cual la vida no pasa de una oscura tomada de pelo?" (423).

La idea de ruptura y de búsqueda se relaciona también, con los hilos de la historia, en la medida que Morelli hace una lista de personajes que tienen en común la idea de innovación, el valor de proponer ideas nuevas para cambiar las normas convencionales establecidas por el mundo de la Gran Costumbre: “Morelli había pensado una lista de acknowledgments que nunca llegó a incorporar a su obra publicada. Dejó varios nombres: Jelly Roll Morton, Robert Musil, Dasetz Teitaro Suzuki, Raymond Roussel, Kurt Schwitters, Vieira da Silva, Akutagawa, Anton Webern, Greta Garbo, José Lezama Lima, Buñuel, Louis Armstrong, Borges, Michaux, Dino Buzzati, Max Ernst, Pevsner, Gilgamesh (?), Garcilaso, Arcimboldo, René Clair, Piero di Cosimo, Wallace Stevens, Izak Dinesen. Los nombres de Rimbaud, Picasso, Chaplin, Alban Berg y otros habían sido tachados con un trazo muy fino, como si fueran demasiado obvios para citarlos. Pero todos debían serlo al fin y al cabo, porque Morelli no se decidió a incluir la lista en ninguno de los volúmenes”. (302). Personajes que, según vemos, han formulado propuestas nuevas, propuestas de cambio y de búsqueda de ese más allá.

Propuestas, las de estos personajes, que, vistas de alguna forma, no son menos sensatas que las propuestas por Morelli o Ceferino. La sola idea de innovación, ya es una idea de ruptura, de subversión contra los cánones establecidos por la Gran Costumbre. Ideas utópicas que se relacionan con la búsqueda del paraíso perdido: la búsqueda de una sociedad mejor, más humana. “Ahí está —dijo Traveler—. Una ruptura que prueba la perfecta salud central de Ceferino. Horacio tiene razón, no hay por qué aceptar los órdenes tal como nos los alcanza papito. A Cefe le parece que el hecho de componer alguna cosa vincula al dentista con los expedientes intrincados; los accidentes valen tanto como las esencias... Pero es la poesía misma, hermano. Cefe rompe la dura costra mental, como decía no sé quién, y empieza a ver el mundo desde un ángulo diferente. Claro que a eso es lo que le llaman estar pintado”.