Un hombre, de Oriana Fallaci
Bogotá, Colombia, 16 de junio de 2009
Por KATERINE JAIMES
PEÑA
Un hombre, es una novela
histórica escrita por la reconocida periodista italiana Oriana Fallaci y está
basada en la vida del poeta y revolucionario griego ‘Alekos’ Panagulis, quien
fuera amante de la escritora.
“Ha llegado la hora
de partir. Cada uno de nosotros sigue su propio camino: yo a morir, vosotros a
vivir. Qué sea mejor, sólo el dios lo sabe”. Con esta cita de Platón, de
Con esta cita, la
narradora, la misma Fallaci, la amante del héroe asesinado, nos introduce a la
tragedia de un hombre que entregó la vida por lo que para él era el valor ético
supremo: la libertad. Al tiempo, invita a una reflexión sobre la verdadera
vida, cuál es realmente: la del hombre que se lanza a la muerte en pro de los
valores en los que cree o la de los que viven físicamente hasta envejecer, pero
bajo el velo del conformismo.
Así arranca la autora la narración de la historia de un héroe que decide renunciar a la vida antes que ser adherido al poder corrupto y que también es el relato de su propio dolor por perder al hombre que amaba, al que dejó antes de que se lo llevara la muerte, pues entendía que de no abandonarlo también ella sucumbiría en la tragedia de su destino. Un libro que es también y, sobre todo, la historia de la tiranía encabezada por Giorgos Papadopoulus.
La autora, que por
su carácter de amante se hace partícipe de la historia, como su héroe, siente
desprecio por toda institución social, contra el poder en todas sus formas y
odio contra la masa, que para ella es malagradecida.
“El eterno poder que nunca muere, que cae siempre para resurgir de sus cenizas, aunque se crea haberlo vencido con una revolución o una matanza que llaman revolución, en cambio, hele aquí de nuevo intacto, tan solo con distinto color: aquí negro, allá rojo, amarillo, verde o violeta, mientras el pueblo sufre, acepta o se adapta”.
Su crítica también
es al pueblo, al que describe como un monstruo, nacido de hombres que han
renunciado a su carácter de individuos para dejarse integrar a una masa sin
pensamiento propio, para convertirse en borrego de ideas imperantes. Un
monstruo que traiciona a sus héroes y que no merece sacrificio alguno.
“Aquel pueblo que hasta ayer te esquivó, te dejó solo como a un perro incómodo, ignorándote cuando le decías que no se dejase aborregar por los dogmas, los uniformes y las doctrinas, que no se dejase engatusar por el que manda, el que promete, el que asusta…ahora te escuchan, ahora que están muertos”. (Página 11)
Fallaci tiene
momentos de duda, se debate en el deseo de creer que el sacrificio de su amante
sí valió la pena, pero una vez pasado un tiempo prudente después del entierro de
Alekos afirma sus sospechas: “la certeza de que todo aquello no duraría más que
un día, y que luego el rugido iba a apagarse, el dolor se disolvería en la
indiferencia, la rabia en la obediencia, y las aguas se aplacarían, suaves,
blandas y olvidadizas sobre el remolino de tu nave hundida: Una vez más el
poder vencería”.
Sin embargo, los sentimientos que le produce la reacción del mundo ante la muerte del héroe, la convierten a ella misma en heroína. Así emprende la búsqueda de dar verdadera vida al hombre que prefirió la muerte antes que renunciar a su libertad.
Con dolor, rabia,
ironía y repulsión hacia todos aquellos farsantes que gritaban en el sepelio
“vive, vive, Alekos vive”, decide hacer que aquella frase, que para ella era
una gran mentira, cobrara al menos cierta verdad literaria.
Así, en una novela, que más bien parece una carta que lo tiene a él como único interlocutor posible, eterniza al héroe que se bate solo, que es pateado, vilipendiado e incomprendido. “Que repite la eterna historia del hombre que rechaza plegarse a las iglesias, a los temores, a las modas, a los esquemas ideológicos, a los principios absolutos, vengan de donde vengan y se revistan del color que sea. Un hombre que predica la libertad. La eterna tragedia del individuo que no se adapta, que no se resigna, que piensa por su cuenta y que por eso lo matan entre todos”.
El texto se
encuentra narrado en primera persona, a modo de carta muy personal, dirigida de
manera específica al héroe de la historia, quien ha fallecido tres años atrás
de la publicación del libro.
La misma Fallaci aclara que él, su amante asesinado, es el único interlocutor posible para esta historia. Con esto podemos darnos cuenta de que la periodista comprende que los valores éticos y las ideologías de su héroe no son compartidos a plenitud por la sociedad.
El libro no se
limita a la narración de las acciones revolucionarias realizadas por el héroe,
sino que además nos expone las ideologías de éste personaje. Esa decisión
categórica, de lucha contra la sumisión tanto de las clases dominantes como de
las oprimidas conformistas, le es cobrada con la muerte, es asesinado por
todos.
Alekos, aún en su muerte continúa burlándose de los farsantes representantes del poder. Su dolor sigue siendo, aún en la muerte y como lo indicó en toda la historia, “no haberlo logrado, no haber triunfado” sobre el mundo, pero el orgullo de haber mantenido sus valores intactos es su gloria, aún en la muerte.
Con dolor, la
escritora cierra la novela con esta hermosa frase: “Confío en que seas un
hombre como siempre lo he soñado, dulce con los débiles, feroz con los
prepotentes, generoso con quien te quiere y despiadado con quien te manda”,
escribe.
Sinopsis
Alexandros Panagulis, activista en la
lucha contra el régimen de los coroneles, se hizo célebre luego de realizar un
fallido intento de asesinato contra el dictador Georgios Papadopoulus, un día
de 1968. Tras éste evento es sometido a crueles torturas físicas y psicológicas
en la sede de
Luego de un corrupto juicio, es
condenado a la pena de muerte por la tiranía. Sin embargo, debido a la presión
de la comunidad internacional, se frenó la orden de ejecución en su contra y
fue encarcelado en la prisión militar de Bogiati.
Ante su negativa de cooperación,
continúa siendo víctima de torturas hasta que logra escapar de la prisión. Sin
embargo, pronto es capturado de nuevo y conducido al campo de Goudi, de donde
luego es trasladado de vuelta a Bogiati. Intenta huir, sin éxito, en varias
ocasiones; luego se beneficia de una amnistía general y se radica en Italia,
para contribuir con la resistencia.
Una vez restaurada la democracia en su
país, Alekos es elegido miembro del parlamento con el partido Unión del Centro.
Sin embargo, no tardó mucho en lanzar fuertes críticas contra la corriente
dominante y contra su propio partido político. Permaneció en el parlamento como
diputado independiente, pero debido a su actitud crítica pronto fue víctima de
la clase dirigente. Fue asesinado en 1976, porque tenía en su poder archivos de
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