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Bogotá D.C. 20 de mayo de 2012

ISSN 2145-7999

Un hombre, de Oriana Fallaci

Un hombre, de Oriana Fallaci



Bogotá, Colombia, 16 de junio de 2009

Por KATERINE JAIMES PEÑA

Un hombre, es una novela histórica escrita por la reconocida periodista italiana Oriana Fallaci y está basada en la vida del poeta y revolucionario griego ‘Alekos’ Panagulis, quien fuera amante de la escritora.  

“Ha llegado la hora de partir. Cada uno de nosotros sigue su propio camino: yo a morir, vosotros a vivir. Qué sea mejor, sólo el dios lo sabe”. Con esta cita de Platón, de la Apología de Sócrates, da inicio Oriana Fallaci al libro.

Con esta cita, la narradora, la misma Fallaci, la amante del héroe asesinado, nos introduce a la tragedia de un hombre que entregó la vida por lo que para él era el valor ético supremo: la libertad. Al tiempo, invita a una reflexión sobre la verdadera vida, cuál es realmente: la del hombre que se lanza a la muerte en pro de los valores en los que cree o la de los que viven físicamente hasta envejecer, pero bajo el velo del conformismo.  

Así arranca la autora la narración de la historia de un héroe que decide renunciar a la vida antes que ser adherido al poder corrupto y que también es el relato de su propio dolor por perder al hombre que amaba, al que dejó antes de que se lo llevara la muerte, pues entendía que de no abandonarlo también ella sucumbiría en la tragedia de su destino. Un libro que es también y, sobre todo, la historia de la tiranía encabezada por Giorgos Papadopoulus.

La autora, que por su carácter de amante se hace partícipe de la historia, como su héroe, siente desprecio por toda institución social, contra el poder en todas sus formas y odio contra la masa, que para ella es malagradecida.

“El eterno poder que nunca muere, que cae siempre para resurgir de sus cenizas, aunque se crea haberlo vencido con una revolución o una matanza que llaman revolución, en cambio, hele aquí de nuevo intacto, tan solo con distinto color: aquí negro, allá rojo, amarillo, verde o violeta, mientras el pueblo sufre, acepta o se adapta”.

Su crítica también es al pueblo, al que describe como un monstruo, nacido de hombres que han renunciado a su carácter de individuos para dejarse integrar a una masa sin pensamiento propio, para convertirse en borrego de ideas imperantes. Un monstruo que traiciona a sus héroes y que no merece sacrificio alguno.

“Aquel pueblo que hasta ayer te esquivó, te dejó solo como a un perro incómodo, ignorándote cuando le decías que no se dejase aborregar por los dogmas, los uniformes y las doctrinas, que no se dejase engatusar por el que manda, el que promete, el que asusta…ahora te escuchan, ahora que están muertos”. (Página 11)

Fallaci tiene momentos de duda, se debate en el deseo de creer que el sacrificio de su amante sí valió la pena, pero una vez pasado un tiempo prudente después del entierro de Alekos afirma sus sospechas: “la certeza de que todo aquello no duraría más que un día, y que luego el rugido iba a apagarse, el dolor se disolvería en la indiferencia, la rabia en la obediencia, y las aguas se aplacarían, suaves, blandas y olvidadizas sobre el remolino de tu nave hundida: Una vez más el poder vencería”.

Sin embargo, los sentimientos que le produce la reacción del mundo ante la muerte del héroe, la convierten a ella misma en heroína. Así emprende la búsqueda de dar verdadera vida al hombre que prefirió la muerte antes que renunciar a su libertad.

Con dolor, rabia, ironía y repulsión hacia todos aquellos farsantes que gritaban en el sepelio “vive, vive, Alekos vive”, decide hacer que aquella frase, que para ella era una gran mentira, cobrara al menos cierta verdad literaria.

Así, en una novela, que más bien parece una carta que lo tiene a él como único interlocutor posible, eterniza al héroe que se bate solo, que es pateado, vilipendiado e incomprendido. “Que repite la eterna historia del hombre que rechaza plegarse a las iglesias, a los temores, a las modas, a los esquemas ideológicos, a los principios absolutos, vengan de donde vengan  y se revistan del color que sea. Un hombre que predica la libertad. La eterna tragedia del individuo que no se adapta, que no se resigna, que piensa por su cuenta y que por eso lo matan entre todos”.

El texto se encuentra narrado en primera persona, a modo de carta muy personal, dirigida de manera específica al héroe de la historia, quien ha fallecido tres años atrás de la publicación del libro.

La misma Fallaci aclara que él, su amante asesinado, es el único interlocutor posible para esta historia. Con esto podemos darnos cuenta de que la periodista comprende que los valores éticos y las ideologías de su héroe no son compartidos a plenitud por la sociedad.

El libro no se limita a la narración de las acciones revolucionarias realizadas por el héroe, sino que además nos expone las ideologías de éste personaje. Esa decisión categórica, de lucha contra la sumisión tanto de las clases dominantes como de las oprimidas conformistas, le es cobrada con la muerte, es asesinado por todos. 

Alekos, aún en su muerte continúa burlándose de los farsantes representantes del poder. Su dolor sigue siendo, aún en la muerte y como lo indicó en toda la historia, “no haberlo logrado, no haber triunfado” sobre el mundo, pero el orgullo de haber mantenido sus valores intactos es su gloria, aún en la muerte.

Con dolor, la escritora cierra la novela con esta hermosa frase: “Confío en que seas un hombre como siempre lo he soñado, dulce con los débiles, feroz con los prepotentes, generoso con quien te quiere y despiadado con quien te manda”, escribe.

Sinopsis  

Alexandros Panagulis, activista en la lucha contra el régimen de los coroneles, se hizo célebre luego de realizar un fallido intento de asesinato contra el dictador Georgios Papadopoulus, un día de 1968. Tras éste evento es sometido a crueles torturas físicas y psicológicas en la sede de la Sección de Investigación Especial de la policía militar, ESA.

Luego de un corrupto juicio, es condenado a la pena de muerte por la tiranía. Sin embargo, debido a la presión de la comunidad internacional, se frenó la orden de ejecución en su contra y fue encarcelado en la prisión militar de Bogiati.  

Ante su negativa de cooperación, continúa siendo víctima de torturas hasta que logra escapar de la prisión. Sin embargo, pronto es capturado de nuevo y conducido al campo de Goudi, de donde luego es trasladado de vuelta a Bogiati. Intenta huir, sin éxito, en varias ocasiones; luego se beneficia de una amnistía general y se radica en Italia, para contribuir con la resistencia.

Una vez restaurada la democracia en su país, Alekos es elegido miembro del parlamento con el partido Unión del Centro. Sin embargo, no tardó mucho en lanzar fuertes críticas contra la corriente dominante y contra su propio partido político. Permaneció en el parlamento como diputado independiente, pero debido a su actitud crítica pronto fue víctima de la clase dirigente. Fue asesinado en 1976, porque tenía en su poder archivos de la ESA que incriminaban a políticos de la corriente que en ese momento tenía el poder.