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Bogotá D.C. 20 de mayo de 2012

ISSN 2145-7999

La poética de Cortázar

La poética de Cortázar


Por KATERINE JAIMES PEÑA


Con el fin de analizar la diferencia entre lo estético y lo poético en los textos de Cortázar y cómo esta diferencia se plasma en torno a su “arte poética”, es preciso explicar brevemente su Teoría del túnel  y sus Notas sobre la novela contemporánea. De esta forma, se analizará cómo está presente esta teoría de lo estético y lo poético, que él plantea, dentro de algunos textos que forman parte de su vasta obra.

En la Teoría del túnel,  Cortázar resalta la importancia de movimientos literarios como el Surrealismo y el Existencialismo, debido a su posición extra poética y extraliteraria, porque el existencialismo es un humanismo, de acuerdo con los postulados de Sartre y, es, además, un descubrimiento de que todos estamos solos en el mundo. Tendencias literarias a las que el escritor argentino, sin duda, se adscribe.

Las reflexiones de Cortázar en Teoría del  túnel están hechas pensando, principalmente, en la crisis del culto al libro. Según el escritor argentino, el libro dentro de una línea tradicional, merecía un respeto fetichista. De esta forma, la estética era lo único realmente importante para escritores como Flaubert, por ejemplo, cuya obra era concebida sólo  como objeto estético “lo veremos encarar su obra como un objeto estéticamente concebido y ejecutado, que se resume en cuanto objeto estético en las dimensiones verbales del libro”. Para Cortázar un escritor como Flaubert: “está ante todo preocupado por la resolución formal de su obra literaria. La forma, producto directo del empleo estético del lenguaje, hallazgo azaroso de la adecuación entre las intenciones expresivas y su manifestación verbal, constituye en mayor o menor grado la preocupación del literato que llamaremos precariamente tradicional”.

Este literato “tradicional”, para Cortázar, estaba demasiado preocupado por la forma y cita a manera de ejemplo a  André Guide, ya que para él su convencimiento de que “sólo por la forma duran las obras del hombre” no es más que un acto de petulancia.

En esta especie de manifiesto literario, Cortázar da cuenta de un siglo XIX que viene a ser, nada menos, que  el siglo del libro. Época en la cual la obra literaria era considerada como tal, sólo por razones estéticas, porque el repertorio del pasado “está bellamente expresado”.

En el  siglo XX sin embargo, la literatura, en una especie de retorno al primer romanticismo, muestra una tendencia a “la expresión total del hombre en vez de reducirse a sus quintaesencias estéticas”. Esta nueva tendencia del escritor a ver en el libro “una manifestación consubstancial del ser” se hará más viva en el surrealismo y el existencialismo, como se explicará más adelante.

Es con el dadaísmo que empieza a sugerirse una destrucción de formas y con el surrealismo una destrucción de fondos: “nada menos pueril que el hecho de que el dadaísmo prefiriera hacer poemas recortando un diccionario y agitando las palabras en un sombrero, y que el surrealismo reclamara una actividad extra libresca, romper la jaula de la literatura tradicional, sustituir la poesía de álbum por la vida poética”. Así es como el intelectual de la época se rebela contra el Libro como objeto estético “hacedor de mascaras”, creándose una separación entre el escritor que “escribe para existir” y aquél que “existe para escribir”.  De esta forma, Cortázar, termina esta idea con la siguiente cita: “Frente al escritor “tradicional”, “vocacional”, para quien el universo culmina en el Libro, se alza agresivo el joven escritor de 1915 para quien el libro debe culminar en lo universal, ser su puente y su revelación”.

Cortázar habla de un escritor vocacional, del cual afirma que acepta, en un acto de conformismo, el idioma como “vehículo de suficiente de su  mensaje, sin advertir que ese mensaje está pre-deformado porque desde su origen se formula en estructuras verbales”  Advierte Cortázar, que el idioma funciona como elemento condicionante de la obra literaria. Según Cortázar a ninguno de estos escritores vocacionales se le planteaba la duda que sí preocupaba al escritor contemporáneo: “de que acaso las posibilidades estén imponiendo límites a lo expresable; que el verbo condicione su contenido, que la palabra esté empobreciendo su propio sentido”. De esta forma, para Cortázar, el literato vocacional piensa verbalmente ignorando que el idioma “admite los juegos, las travesuras, las caricias y hasta los golpes, pero que ante la amenaza de violación, se encrespa y rechaza”. Afirma el escritor argentino que el lenguaje es la piel de la literatura y lo explica con una imagen de Neruda “Lo extranjero y lo hostil allí comienza”.

Notamos inmediatamente cómo plasma Cortázar, la  Teoría en la obra literaria, ya que en Rayuela se materializa dicha teoría. El juego del lenguaje está sugerido constantemente en la obra. Aprovechamiento de lo lúdico que se destaca desde el mismo título y más adelante en el capítulo 68. Cortázar comprueba toda esa teoría que nos plantea sobre el lenguaje, proponiendo un lenguaje nuevo: el Glíglico. Demuestra con esto, que el lenguaje admite juegos y travesuras. Que el idioma no debe ser un elemento condicionante de la obra literaria. En Rayuela, Cortázar destruye el lenguaje para construir uno nuevo.

Saliéndose de los parámetros del escritor vocacional, el escritor argentino se vincula al surrealismo al concebir que estos muestran  una actitud de rechazo hacia las formas y el fondo tradicionales.

Es así como Cortázar llama “Caballo de Troya” a una forma de hacer literatura sin literatura que es propia del escritor rebelde, y toma como ejemplo a: Joyce, Woolf, Beckett, entre otros. Este escritor es aquél, que según Cortázar destruye el lenguaje para construir, idea de destrucción análoga a la  idea del túnel donde se destruye para construir: “Esta agresión contra el  lenguaje literario, esta destrucción de formas tradicionales, tiene la característica propia del túnel; destruye para construir. “Sabido es que basta desplazar de su orden habitual una actividad para producir alguna forma de escándalo o sorpresa”.

Para Cortázar este avance del túnel se vuelve contra lo verbal desde el verbo mismo, pero en un plano extra verbal. Considera el escritor argentino que al sentirse enjaulado por el lenguaje enunciativo, el escritor rebelde opta por el lenguaje poético con el cual se siente liberado. De esta forma, para Cortázar el lenguaje poético es existencial y rompe con los cánones establecidos, ya que está lleno de posibilidades. En La novela, al utilizar este lenguaje poético los “personajes ya no hablan sino que viven”.

Encuentra Cortázar que Los Cantos de Maldoror del Conde de Lautrémont y Una temporada en el infierno de Rimbaud, son textos que renuncian totalmente al lenguaje enunciativo ya que a partir de éste pueden mostrar la realidad que proponen,  realidad que solo es posible expresar a partir de un lenguaje poético- existencial.

En el capítulo 79 de  Rayuela se plantea claramente la innovación estética y se apela a un lector cómplice y comprensivo, se insinúan otros valores para hacer posible una antropofanía, la creación de un nuevo hombre: “Situación del lector. En general todo novelista espera de su lector que lo comprenda, participando de su propia experiencia o que recoja un determinado mensaje y lo encarne. El novelista romántico quiere ser comprendido por sí mismo a través de sus héroes; el novelista clásico quiere enseñar, dejar una huella en el camino de la historia”.

Así mismo, La Teoría del Túnel propone una transformación radical de los modos novelescos: una rebelión del lenguaje poético contra el enunciativo y una escritura que permita manifestar la totalidad del hombre, propuesta que conjuga surrealismo con existencialismo. Propone esta teoría, a su vez, una escritura que indague en la relación del hombre con su entorno. La novela, propone Cortázar, debe ser poesía y esto se logra cuando ésta se dota de elementos líricos como las aliteraciones, el ritmo, la metáfora, etc. De esta forma la novela se “enrarece” y se convierte en “catapulta a la otredad”.

Así las cosas, completamente de acuerdo con el surrealismo, el autor de Rayuela defiende las ideas surrealistas acerca de la escritura. La irrupción de lo onírico y las asociaciones libres, las analogías, el azar, convierten la escritura en algo fuera de lo común dándole propiedades mágicas donde lo racional ya no tiene lugar y no existen limites entre el sueño y la vigilia, lo real y lo fantástico.

En Notas sobre la novela contemporánea, Cortázar afirma que el estilo novelesco consiste básicamente en la simbiosis de los modos científico y poético del idioma.

Pero es el escritor rebelde quien, según Cortázar: “da el paso definitivo, y el reclamo de un lenguaje solamente poético prueba que su mundo novelesco es ya sólo poesía, un mundo donde se continúa relatando... Y se cumplen accidentes, destinos y situaciones complejísimas, todo ello dentro de una visión poética que comporta, natural y necesariamente, el lenguaje que es la situación”.

De esta forma, esta transición del orden estético al poético:” entraña y significa la liquidación del distingo genérico Novela-Poema.

El surrealismo ha logrado expresar la actividad humana de una forma poética, al ser un movimiento existencial ha procurado ver al hombre y entenderlo a partir de la poesía, la realidad, para el surrealismo sólo se puede interpretar a partir de la poesía. El surrealismo, es así, concebido como un humanismo igual que el existencialismo ya que niega los límites de la razón.

En cuanto al existencialismo, es evidente la relación existente en el mundo que Cortázar ha creado para sus personajes, y la filosofía existencialista de Jean Paul Sartre, para quien  “el existencialismo es un humanismo”. Esto debido a que en el universo creado por Cortázar los personajes padecen problemas y angustias existenciales como la soledad, la enajenación, la muerte. En Rayuela, por ejemplo, al igual que en la tradición existencialista, los personajes tratan temas de origen existencial como la incomunicación, la soledad, el amor, la muerte, el absurdo entre otros.

Así mismo, en un cuento como Casa Tomada, siguiendo la filosofía existencial, Cortázar crea personajes que ya no sienten miedo en el sentido literal de la palabra sino una especie de angustia hacia aquello que se desconoce y que puede alterar la tranquilidad de su vida cotidiana.

Los hermanos, personajes protagonistas de la historia, viven en una especie de paraíso donde sus vidas son tranquilas y la cotidianidad de sus días se considera inalterable. Los hermanos llevan una vida demasiado tranquila para ser real. Un paraíso ya que en la casa, lo suficientemente cómoda y espaciosa, podían vivir tranquilos los dos:”pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse”. Paraíso porque en el diario de vivir de Irene, no era necesario enfrentarse a las hostilidades y vicisitudes que ofrecía el mundo de afuera. No necesitaban nada más, en la casa estaba todo lo necesario, sólo se bastaban con su mutua presencia y apoyo, la casa “no los había dejado casarse”, tampoco era necesario trabajar, eran lo suficientemente acaudalados como  para vivir sin ninguna preocupación de tipo económico. La casa era su mundo, un lugar seguro para ambos, un paraíso, donde la cotidianidad no podía ser alterada ni con el zumbido de una mosca.

Es necesario hacer un paréntesis antes de seguir con el análisis del cuento, ya que es necesario recordar que lo que plantea Cortázar en su teoría, aquello de subvertir el lenguaje, de romper con las tradiciones y los cánones establecidos en literatura, se nos presenta aquí en el contenido de esta peculiar historia.

¿No nos  presenta acaso, este irreverente escritor unos personajes conformes a plenitud por la tranquilidad de su inalterada cotidianidad? Personajes para quienes los quehaceres del hogar y la rutina diaria inalterable, son una especie de vivencia paradisíaca. Todo es silencioso, rutinario, humanamente vivible dentro de los cánones establecidos. El acto de tejer para Irene es sólo un pretexto para no hacer nada, leer literatura francesa para el personaje narrador es sólo una forma de ver lo que hay más allá de Buenos Aires: “Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.  Porque  enterarse de lo que ocurre en  Buenos Aires y en toda Argentina, es arriesgarse a alterar la paz de ese paraíso que representa para los hermanos el encierro en la casa.

¿Y qué es lo tradicional en la historia? el acto de tejer en Irene es un oficio característico de las mujeres de la alta sociedad, una excusa para no hacer nada. ¿Acaso tenían las mujeres “de bien” algo más que hacer? Era la costumbre de entonces: el hombre satisface las necesidades del hogar y la mujer se encarga de las labores de la casa. La vieja costumbre de la sociedad burguesa: La Gran Costumbre, no se puede entonces romper con lo convencional.

Esto es lo que Cortázar critica: las grandes tradiciones sociales, inalterables para los “Famas” y la estética tradicional inalterable para el escritor tradicional.

Vemos entonces que lo que la historia propone de manera fantástica y surrealista, es esa ruptura con lo tradicional que se impone en el orden inmutable y la tranquilidad casi innecesaria de sus habitantes. Es por eso que la casa resulta invadida “tomada” por algo extraño e inexplicable y aquí es cuando lo fantástico toma lugar e irrumpe en la realidad como si hiciera parte de la cotidianidad. Este ser extraño que se toma la casa para acabar con la tranquilidad cotidiana de sus habitantes no tiene explicación, para sus habitantes deviene algo natural y este algo no es más que ese otro que está en algún lado de nosotros y nos obliga a no ser pasivos y aceptar las cosas como nos han sido dadas e impuestas. Ese otro que nos plantea una ruptura inevitable con lo convencional , ese otro que no es más que el escritor rebelde que transforma el lenguaje y que lo lleva más allá de los límites de los cánones establecidos.

Influenciado por Poe y por Kafka, el mismo Cortázar nos advierte que el cuento es “una casa donde habita lo fantástico”.  Lo onírico y lo fantástico en Casa Tomada se advierte  en forma del otro que entra en la casa, sin previo aviso para derrumbar el orden establecido, y acabar con la cotidianidad inalterable de los personajes. Personajes acostumbrados a actuar dentro de los de los límites  normales de la existencia humana: “Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos a mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos pocos platos sucios.”

Lo fantástico en Axolotl  se manifiesta en el momento que el narrador confirma su transformación en un anfibio, sin ninguna explicación coherente. Al parecer el hecho de convertirse en Axolotl  es un acto natural. Y aquí nuevamente la aparición del otro está presente en la escritura cortazariana. Ese otro que irrumpe en la cotidianidad para obligarnos a ir más allá a cuestionar la existencia y buscarle un nuevo sentido: “me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir sobre los axolotl”.

Lo existencial también está presente en la historia. El personaje principal es un ser solitario, un ser que deambula por una ciudad que desconoce, un ser alienado que busca ser comprendido por la sociedad. Es por eso que se identifica inmediatamente con el Axolotl, un ser solitario, una especie de otro mundo, alienado e incomprendido. El animal es el símbolo de su temor, el temor a encontrarse sólo y sin identidad en un mundo que no le pertenece. 

También lo lúdico y lo fantástico irrumpen en la obra de Cortázar. Lo fantástico es concebido por el autor como una realidad que no debe ser explicada racionalmente y al mismo tiempo lo lúdico se expresa en su obra como acto que va en contra de todo racionalismo. El juego se manifiesta en la obra del escritor argentino como método empleado para salirse de la realidad cotidiana. Para Cortázar el Homo-ludens es un sujeto abierto a las excepciones del mundo, es ver el mundo desde otra perspectiva. El juego es algo serio y tiene reglas que hay que cumplir para poder participar, como lo expresa Gadamer. Para jugar es necesario entrar en el juego y cumplir esas reglas. Esto es lo que quiere Cortázar al proponer una novela-juego, una antinovela como Rayuela: un lector cómplice que participe en el juego y cumpla sus reglas. Al igual que Gadamer sugiere un lector cómplice, un lector que no sólo admire sino que se haga cómplice y activo. Esto implica meterse en el mundo de la obra y aceptar las reglas. Esta idea de ser el otro que toma de Rimbaud y que lleva al extremo en Axolotl.

Si para la Gran Costumbre existe un dualismo Juego – seriedad, para Cortázar el elemento  fantástico y el elemento lúdico se abren a lo excepcional. A partir de lo fantástico se plantea otro mundo hacía el cual se escapa, el ser fantástico como un Cronopio deviene otra forma de ser en el mundo. El Cronopio es un Homoludens, un ser que no encaja dentro de las convenciones establecidas  por la Gran Costumbre. Ser Cronopio es otra forma de ver y entender el mundo, un sujeto que vive baja el signo de la excentricidad. Es el sujeto que propone Cortázar: aquél que no diferencia entre vivir y escribir. Cortázar piensa que se puede estar en el mundo de una manera distinta, de ahí nace la constante lúdica en su obra.

Cortázar llama a lo fantástico, no un género, sino un sentimiento. Él ve las cosas que el escritor de la Gran Costumbre ve en oposición a la regla.

Este ser fantástico y lúdico que se opone a las convenciones es lo que Cortázar llama un Cronopio, aquél ser que “suspende la incredulidad”.

En Historia de Cronopios y de famas, el surrealismo se hace presente debido al humor negro y descarnado característico de la narración.  Los Cronopios son los seres rebeldes que se oponen a lo formal y a las convenciones establecidas por la Gran Costumbre, los Famas, como el mismo Cortázar lo afirma, son seres formales, son los típicos empresarios, gobernantes, los dueños del poder y las Esperanzas están en un término medio, son seres incapaces de actuar y de tomar sus propias decisiones.

En esta obra Cortázar, con una mirada poética, examina las miserias en las que se sumerge el hombre común cuando no tiene el valor de  cambiar la rutina diaria con propuestas novedosas y rebeldes que se opongan a las convenciones.

Los Cronopios nos obligan, con su visión de mundo, a entender la realidad y proponen nuevas formas de enfrentarla, son seres filántropos y con verdadera conciencia social. Es así que por medio del humor y la ironía critican las convenciones de la Gran Costumbre y proponen nuevas formas de ver la vida.

Si para Cortázar la literatura no debe ser concebida como una expresión estética sino más bien como el modo verbal del ser del hombre, entonces los Cronopios son personajes que vagan en busca de su identidad y meditan acerca de los grandes problemas existenciales del ser y sienten una profunda necesidad de gritar los problemas que enfrenta la sociedad a la cual pertenecen. Tal es el caso de Un Cronopio en México. El personaje de la historia, quien se encuentra en México de paseo con su esposa, se ve en la difícil situación de comprobar la dimensión de  los problemas sociales que enfrenta América latina. El personaje, un Cronopio, es un ser filántropo por naturaleza. Su conciencia social le permite reconocer el grado de ignorancia y analfabetismo que azota al pueblo mexicano, representada en un niño, cuya pobreza no deja reflejar su edad, y su necesidad de trabajar para ganarse la vida, no le permite ir a la escuela a saciar su sed de conocimiento. El Cronopio, un ser que va en contra de toda convención, critica las convenciones sociales dentro de las cuales se rige el pueblo mexicano. Es normal entonces, que el pueblo entero se desviva por la visita de la Reina Isabel, sin importarle a sus habitantes que sus gobernantes inviertan dinero en este acontecimiento y no en la educación de los niños pobres y  analfabetos que están trabajando en las calles, con el fin de ganarse el “pan diario”.

Finalmente, Lo estético en Cortázar se relaciona con lo instrumental. Lo poético es lo que presenta al ser y su manera de actuar en el mundo. Lo poético no está en el lenguaje: es lo existencial mismo, lo que está más allá del verbo, lo extraverbal: lo que se manifiesta en el porqué del ser en el mundo. Lo estético es reemplazado por lo poético.

Para Cortázar es el surrealismo rimbaudiano el que advierte que no existe un lenguaje científico “o sea colectivo, social capaz de rebasar los cuadros de la conciencia  colectiva social, es decir limitada y atávica; que es preciso hacer el lenguaje para cada situación, y que al recurrir a sus elementos analógicos, prosódicos y aún estilísticos, necesarios para alcanzar comprensión ajena, es preciso encararlos desde la situación para la cual se los emplea y no desde el lenguaje mismo”.